sábado, 31 de julio de 2010

letras

En un lugar sin tiempo, donde las ciudades contaban su historia en la altura de sus edificios, las personas habían olvidado las letras y por lo tanto las palabras. Caminaban calladas. Ya nadie tenía nada que decir. Murió el interés, se olvidaron de los libros, de las máquinas y de sus amigos. Vivían en familias porque tenían qué, pero en ralidad nunca se hablaban.

Juan vivía con su mamá y su papá. Se comunicaban con un lenguaje a señas, no iba a la escuela ni tenía nada que hacer, siempre estaba mirando a la ventana. A veces acompañaba a su papá para traer las cosas que hicieran falta en la casa.
Todas las noches su papá le ayudaba a meterse en la cama. Le acomodaba la almohada, la cobija y sin decir nada se daba la vuelta y se iba. Muchas veces a Juan le daban ganas de decir -Te quiero papá.- pero de su boca no salía nada.
Un día en sus salidas de acompañante, tronó el cielo y empezó a llover. Su papá sacó el paraguas y lo cubrió sin voltear a verlo siquiera. Caminaban deprisa, pero Juan pudo observar que sobre el suelo caían en vez de gotas letras.¡Letras! Pudo acordarse y pensaba -esa es una "m", esa es una "p", acá un charco de "a". Caían y caían de todas, pero todos las ignoraban. Se quedaban atoradas en las ventanas, sobre los carros, en las calles había ríos de letras hacia las coladeras. Le parecían tan hermosas que agarró una "a", en el momento salió de su boca: -Aaaa. Asustado apretó los labios y volteó a ver a su papá por si lo había escuchado, pero no, no le ponía atención, más bien parecía ir volando en sus pensamientos. Rápidamente Juan abrió su mochila y empezó a juntar todas las letras que pudo.
Ya en su casa, a escondidas sacó todas las letras y éstas se fueron acomodando, unas adelante, atras, a veces una "p" iba en primer lugar y otras en quinto, a veces se veían bonitas y a veces muy complicadas. Todas las iba tocando y al momento salían de su boca, quedito porque no quería ser descubierto. Pronto empezó a controlarlas y encontraba justo las que el iba pensando.

Por la noche esperó a su papá, éste se acercó le acomodó la almohada y la cobija, entonces antes de que se fuera Juan llamó varias letras y dijo en voz alta: -Te quiero papá.- En eso todas las letras empezaron a volar, llenaron de luz toda la habitación.Emocionados observaban el espectáculo. Con la emoción abrieron su corazón y por ahí entraron todas las combinaciones de letras del mundo. El papá de Juan dijo: Yo también te quiero Juan.

1 comentario:

Ceferina dijo...

La incomunicacón atrofia la mente, pero no la de los niños, gracias a su gran imaginación.
Muy bonito relato, lleno de fantasía y mensaje.
Me gustó tu estilo, creo que volveré a ver si te animas a escribir de nuevo.

Saludos