jueves, 30 de octubre de 2008

L.Cox




Con la última campanada de las doce del día empieza la procesión, una gran congregación camina bajo una caricia de lluvia y lágrimas. El viento va de un lado a otro jalando almas y vestidos. Entre la gente una mujer camina con paso firme hasta llegar junto al cajón.

Entre varios asistentes abren la pesada puerta del campo santo. Bajo sus pisadas cientos de palomillas despiertan de su sueño. La tierra se mueve, entran y salen almas en silencio. La mujer posa cálidamente su mano sobre el ataúd, cierra los ojos para evocar otros tiempos. No puede evitar el sonreir. Suspira. Da la señal para que empiecen a enterrar.

Ha sesado la lluvia, pero las lágrimas de felicidad persisten. Ella sonrie, ríe a carcajadas, se va haciendo más fuerte por cada kilo de tierra que cae sobre la caja. Se despide de la mujer que una vez fue.
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4 comentarios:

Enrique V. dijo...

Muy adecuado para estas fechas.. esta es una muerte-renacimiento y como en toda muerte (o nacimiento) ha de haber algunas lágrimas, a veces quisiera dormir, enterrarme y despertar siendo otro, mientras eso pasa seguiré siendo yo !ja!

Alejandro Bercini dijo...

Woooorale!! que bonito está!! justo lo que el príncipe de nunca jamás hizo cuando se mudo a Wonderland. Y como dice Enrique, muy ad hoc para las fechas. Me inspira a ponerle un altar al príncipe de nunca jamás jejejej. Saludos desde Wonderland

mon von dijo...

si.. aunque si te durmieras y despertaras siendo otro.. seguirías siendo tu... jejeje que eso es lo más padre, jejejeje,
gracias por sus comentarios, feliz día de muertos!
;)

sb dijo...

no es malo morir si te convences que sólo es el comienzo.. por si acaso será mejor no dejar muchas cosas sin hacer...